Mostrando entradas con la etiqueta sentimientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sentimientos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de enero de 2013

DESESPERADO

Te vas

¿Quien te invitó a mi vida?

Atrevida

Porque apareciste?
No recuerdo el día en que lo hiciste,
Solo el beso que me diste,

Ósculo delicado y duradero
Que como cadena de acero
A mi corazón ató
A mi conciencia mató
Y como esclavo me tiene

¡Dime tú! ¿Como te atreves a ofrecerme libertad?
A decirme que te vas
Y que mi vida me entregas

¡Dime tu! ¿Por qué te alejas?
Como caballo en pradera
Luego de haberme tirado a rodar por el suelo

Grito mirando al cielo
¡OH! Dios como pudiste!
¿Por qué a esta mujer hiciste aparecer en mi vida?

¡OH! señor detén su ida ó llévame a mí con ella…

Y te vas

Te llevas mis suspiros
Mis sentimientos contigo
Mis planes, mis alegrías
Mi alma queda vacía

Tu equipaje has preparado
Y dentro de él te has llevado
Mi vida, mi corazón
Recuerdos por montón
Que tú misma creaste

¡Mira tú como vaciaste!
Mi pecho en ese bulto
Ya nada tengo oculto
Pues todo te lo has llevado
Y hoy me apartas de tu lado
Como a un perro callejero

Me apartas, pero no quiero
Estar lejos de tu lado
Dime si has imaginado
Mi vida sin tenerte…

No dejaré de quererte
Siempre esperando estaré

Sólo me quedaré,
Abrigando la esperanza
De que ese con quien te lanzas
¡A ti te deje también!

miércoles, 2 de enero de 2013

No tengo tiempo

Aún al momento de comenzar a escribir estas líneas estoy pensando que no tengo tiempo para hacerlo. De hecho, pospuse su escritura casi dos semanas. Una de esas veces estaba totalmente solo en el apartamento; acababa de llegar y mi esposa estaba llevando a nuestra hija a la escuela de ballet, y me disponía a escribir cuando deje los papeles en la repisa cerca de la cama. La razón: no tenía tiempo. 

No tener tiempo se ha convertido en la principal razón, o mejor sería decir estigma, para no hacer algo, o posponerlo. Cuántas veces hemos dejado de hacer algo, por solo aparentar que somos personas ocupadas.
 
Trabajamos todos los días para garantizar el sustento y los estudios de nuestros hijos. Dedicamos ocho o más horas a conducir, responder mensajes, hacer reportes, vender, fabricar algo o a dar algún servicio. Un día completo para pasarlo lejos de la familia y de lo que verdad importa. Pero no tenemos tiempo para nosotros. Nos estamos convirtiendo en una manada de autómatas con miedo a salirnos de la rutina.
 
Al final de cada quincena, llega el anhelado sueldo y el pago de las cuentas. Pagamos los estudios de nuestros hijos, pero no podemos ayudarles en sus tareas. No podemos siquiera ver sus garabatos en el cuaderno de artes. Pagamos un apartamento o una casa en la cual no vivimos. Hacemos una compra de alimentos y no podemos comer o cenar junto a la familia. Cada cual por su lado. Porque no hay tiempo.

Buscando en mi memoria, recuerdo el almuerzo en familia todos los días. Mi hermano y yo llegábamos de la escuela, mis hermanas dejaban todo lo que estaban haciendo y nos sentábamos a comer con nuestros padres. Mamá era siempre la última en sentarse, si alguna vez lo hacía. Pero estábamos juntos. Es lo que importaba.

Ahora tengo que esperar mis días libres para poder compartir la mesa con mi hija y esposa. Pero esa es la excepción. Lo más posible es que en mi día libre tenga que hacer algo que he dejado pendiente durante la semana. Ir al banco, arreglarle algo al carro, visitar a los abuelos, ir al doctor. Lo que sea tengo que hacerlo corriendo para que me alcance el tiempo.
 
Al igual que yo, hay por ahí muchas otras personas que no tienen tiempo. No tenemos tiempo de vivir. No tenemos tiempo de disfrutar nuestro limitado tiempo en este mundo.